martes, 27 de abril de 2010

DESCRIPCIÓN DE LA FIESTA DE SAN BENITO DE PALERMO EN EL ESTADO ZULIA

Extraído del libro Los Chimbángueles de San Benito. Pag. 12-14

Autor: Carlos Suárez

Fotografía: Fernando Hernández

Durante todo el año, en las poblaciones antes mencionadas, se ejecutan toques de chimbángueles como pago de promesa a San Benito. El devoto cumple ante el santo organizándole un toque de chimbángueles –algunas veces transcurren años antes de que pueda pagar la deuda sagrada–, y cuando al fin sus posibilidades económicas lo permiten, adquiere todos los alimentos y bebidas con las que son agasajados los capitanes, músicos y devotos que asisten a la ceremonia. De no hacerlo, el peticionario se arriesga a ser castigado, y si acaso llegara a morir sin saldar la deuda, existe la convicción de que vagará como alma en pena espantando a los vivos con sus lamentos. Según algunos bobureños, la vieja imagen de San Benito, que pertenece a la familia Martínez, ha realizado más de trescientos milagros y sus vestiduras están cubiertas de exvotos. Su apariencia evoca a una deidad africana. Toscamente pegados a la cabeza del pequeño icono, están sus ojos blancos y cuadrados, cuya fuerza y misterio son asombrosos. En la iglesia, donde reposa la imagen principal, se acumulan cientos de placas, y mantos de pedrería finamente bordados, como pagos de promesa y prueba de los milagros concedidos por San Benito.

Los toques principales que preparan a los devotos para la fiesta del 1 de enero en Bobures, comienzan con los llamados chimbángueles de obligación o ensayos. Durante ellos, los devotos estudian los detalles del rito y van acumulado conocimiento hasta llegar al día principal de la fiesta. El primer sábado de octubre por la noche, se ejecutan los tambores frente a la iglesia, donde se encuentra la imagen principal de San Benito –que no sale del templo–, y la población participa bailando con sus imágenes familiares.

El segundo “ensayo de obligación” se efectúa el 31 de octubre en la víspera del día de todos los Santos; para la ocasión, el santo de Gibraltar visita Bobures.

El tercer chimbánguele de obligación se realiza el 7 de diciembre, víspera del día de la Inmaculada Concepción de María; entonces al chimbángueles de Bobures le corresponde devolver a Gibraltar la visita recibida durante la víspera de todos los Santos. Esta vinculación con importantes fechas del calendario cristiano, acentúa el carácter sagrado del rito escenificado por la cofradía. En otras fechas del mes de diciembre, las imágenes de los santos son llevadas a realizar visitas protocolares. Por ejemplo, el 26 de diciembre, el pueblo de Bobures va a Santa María. En dichos encuentros, los devotos de la comunidad anfitriona reciben al santo visitante a la entrada del caserío. Los dignatarios del culto realizan entonces un complejo conjunto de movimientos y saludos con las banderas y bastones de mando, en un ritual lleno de códigos que, lamentablemente, se han ido empobreciendo de manera continua durante los últimos cuarenta años, según el testimonio de sus pobladores. Pude comprobar que los capitanes del chimbánguele de San José de Heras, ya no visitan a los pueblos que olvidaron los movimientos rituales que exige la ceremonia del encuentro.

El 30 de diciembre, el santo reposa en el templo de Bobures rodeado de velas. Su rostro parece traernos a la memoria la elaboración de iconos sagrados en algunos lugares de Oceanía, donde existe la creencia de que el objeto material cobra vida una vez le son pintados los ojos, ya que desde ese instante el espíritu ancestral lo toma como su habitáculo. Alrededor de las ocho de la noche del mismo día, San Benito es sacado en procesión, aunque la música que lo acompaña no es ejecutada por los chimbángueles. Dos saxofones, trompeta, trombón, redoblante y bombo, acompañan al santo en esta ocasión; ejecutan una música luctuosa, la procesión es iluminada con cirios, mientras los devotos caminan adorándolo en silencio. La presencia del santo sacraliza el espacio por donde transita; y al llegar a una cruz que se yergue a la entrada del pueblo, San Benito es llevado de vuelta a la iglesia. Una vez allí, la música que acompaña su posesión cambia totalmente, los músicos ahora interpretan porros, merengues y otras danzas, mientras los fuegos artificiales arrojan por todas partes sus coloridas luces en un delirio festivo que contrasta con la gravedad del recorrido previo.

Los bobureños, tras la procesión y el encierro, festejan la presencia del santo cuya condición sagrada lo convierte en intercesor de los vivos con el misterio supremo. Razón por la cual sus devotos celebran ruidosamente un cumpleaños más de su benefactor espiritual.

En Bobures, el 1 de enero a las once del día, las campanas llaman a los pobladores a la fiesta y los tambores inician el rito con el retumbar del golpe “Cantica”. En dicho golpe, los tambores asumen la carga expresiva de los versos cantados por el Capitán de Lengua. Cuando muere un vasallo suelen cantar: “Rogale a Dios, San Benito, por su descanso eterno, por su descanso eterno, rogale a Dios, San Benito”.

Estos versos definen el talante expresivo que normará la ejecución del golpe, y el gobierno de la cofradía junto a los chimbángueles, desfila hacia el poniente sin la imagen, hasta llegar a un punto determinado desde el cual retornan al templo; frente a él, cambian el golpe Cantica por el golpe “Chocho”, éste es el momento de mayor sacralidad en el ritual pues los tambores llaman al santo. Cuando San Benito sale del templo, entonces se toca el golpe “Ajé”, y a los tambores, las flautas, las maracas y las campanas se les suman las voces del pueblo que corean “Ajé, Ajé, Ajé, bendito Ajé”. En ese punto, el rito alcanza su momento de mayor paroxismo: la aparición del santo ante sus vasallos exige que la ejecución instrumental esté a la altura de tal circunstancia.

El santo recorre en procesión todo el pueblo, y los golpes “Misericordia”, “San Gorongome vaya”, “Chimbangalero vaya” y Chocho, se suceden según las ordenes del gobierno. En la tarde de ese primer día del año, llegan al cementerio, y los golpes Misericordia y Chocho acompañan a los capitanes mientras rinden tributo a los difuntos, principalmente a los jefes del gobierno. Los chimbángueles regresan al pueblo y continúan su recorrido hasta casi las diez de la noche, cuando la imagen es encerrada en el templo al son de los golpes Chocho y Ajé.

Es oportuno aclarar que a diferencia del caso particular de Bobures, el culto de San Benito se celebra el 27 de diciembre en casi todos los pueblos, y en cada localidad el rito asume características particulares, aunque estas diferencias de forma no afectan la esencia fundamental del culto.